martes, 12 de marzo de 2013

Visitas

Adelantos. Prisas. Desayunos. Lágrimas inesperadas. No saber qué hacer. Limpieza express. Cargar la nevera. Quilos de embutido. Muchos. Cerveza y "tastets". Sablazo. Para qué usar platos. Puesta al día y siesta. Tren. Ventanas que no dejan ver la realidad. Risas. Muchas. Paseo. Iglesia. Más fotos. Más paseo. Cañas y futbol. Niños que hipnotizan. Cerrado. Pizza. Camarero y estrés. Esperas en la estación. Faltas de hervor. Tren. A dormir. Madrugón. Desayuno. Turisteo. Rincones. Piedras. Xampanyet. Más. Comer y más piedras. Café, paseo y cerveza. Almodóvar. Cacaculopedopis. Horror. Casa y más Almodóvar. Último día. Desayunos cruzados. Se acerca la hora. Cervezas más amargas. Se acerca la normalidad. Ensaladilla rusa. ¿Es camarero? Abrazos. Subir al tren. Subir a la realidad. Subir a la pesadilla. Acabar el sueño.


"A Dios le gusta observar, es un bromista: dota al hombre de instintos, nos da esta extraordinaria virtud, y ¿qué hace luego? Los utiliza para pasárselo en grande, para reírse de nosotros, para ver como quebrantamos las reglas. Él dispone las reglas y el tablero y es un auténtico tramposo: “mira, pero no toques”; “toca, pero no pruebes”; “prueba, pero no saborees”. Y mientras nos lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? Se descojona, ¡se parte el culo de risa!" (Pactar con el diablo)

domingo, 3 de marzo de 2013

Roberto Zucco

Teatre Romea

Texto: Bernard-Marie Koltès
Intérpretes: Pablo Derqui, Cristina Genebat, Iván Benet, María Rodríguez, Xavier Boada, Rosa Gàmiz, Xavier Ricart, Oriol Guinart.

Sinopsi: "Historia de una evasión. Un asesino que huye, que se deja ver, que quiere ser invisible, quiere ser un perro sarnoso..."

Ante todo he de entonar un “Mea culpa” porque no me haya gustado. Me dijeron que era un texto difícil, pero cuando la representaron hace veinte años no pude ir (o mejor, nadie me llevó) y no conocía nada de Koltès. Y así me encuentro con una serie de monólogos, cargados de metáforas, muchas, personajes que se van por las ramas, que usan dos minutos para explicar lo que en dos segundos habríamos entendido y de una manera que habría hecho conectar mucho más. Sólo Derqui y María Rodríguez son concretos en palabra y actos. Dan la impresión de un diálogo creible. El resto, mientras dice el texto, podrían pasarse a un Hamlet que no nos habríamos dado cuenta. A mí, que no me gustan los clásicos por tener tendencia a desconectar, igual que de la poesía, cuando la metáfora abraza al discurso y lo absorve, me encuentro delante de actores que hablan y hablan y hablan, pero no me transmiten nada. Y me da pena escuchar en la salida que no soy a la única que le ha pasado. No hemos empatizado, no sufrimos con ellos, no les creemos. Sólo provocan un rezo: cárgatelo, por favor.

Sí creemos a Derqui, un Roberto Zucco en tensión permanente, una energía contenida en cada vena de su cuerpo, que resaltan en cada movimiento. La sonrisa de un ángel para la frialdad de un demonio. La pesadilla de cualquiera, el mal en tarro bonito. Y sobretodo esa energía, que baja a las butacas y te coge de la solapa, te obliga a seguir atento, aunque lleves un rato que quizás ya no escuchabas.

Una María Rodríguez que sufre. Que sigue sufriendo cuando sale a saludar. Personaje que expresa más con silencios que con palabras. Y que cuando habla dice lo necesario. El resto, sólo te saca de las casillas, mientras te tragas las ganas de levantarte y pedir silencio, que mediten, que no se vayan por las ramas, que...

Escenografía que recuerda a 13 rue del Percebe. Manera efectiva de trabajar diferentes espacios sin mover el escenario.No estoy segura que ayude al texto. Música acertada. Y algún supuesto guiño a la actualidad en los momentos de más histrionismo bastante innecesario.

Feliz, de todas maneras, por reencontrarme con el teatro catalán, con uno de los actores “malos” por excelencia. Actor que transmite la energía contenida, la explosiva, el malestar y la angustia como pocos en el panorama actual. Que me dobló de ansiedad en “Las voces” y me mantuvo ayer enganchada al asiento a pesar de saber desde los primeros minutos que no era mi obra. En espera de los próximos reencuentros. Decidida a aprovechar la ciudad. Hasta donde esta me deje.