lunes, 27 de agosto de 2012

Raices


Se dice, se comenta, se rumorea, que todos tenemos y sentimos nuestras raices. ¿Pero dónde están estas? ¿Donde naciste? ¿Donde nacieron tus antepasados? ¿Donde has formado tu hogar y has sentido el suelo atravesado por éstas, arraigándose, diciéndote que estás en casa?

Creo que lo más aceptado es pensar que es de dónde se nació, igual que los árboles nacen a partir de las suyas. Pero ¿qué pasa si como yo, desde que tengo uso de razón, la ciudad que me vio nacer me empuja hacia fuera? ¿Si me siento expulsada? Entonces busco dónde asentarme. Sin prisa, probando. Y descubro que el comentario que un amigo me hizo hace años, y en su momento me sorprendió, quizás no estaba tan alejado: “No serás feliz en ningún sitio. Eres una persona nómada”. Y así me he sentido casi siempre: de paso.

Cuando hace 6 años me trasladé, pensé que por fin había encontrado mi Casa. Así, en mayúscula. Y cuando la sensación empezó a durar meses, sin que mis pulmones protestaran, creí que podía ser definitivo. La tranquilidad. El hogar. Pero las cosas se torcieron, y mi alma no las pudo resistir. De nuevo aparecieron las ganas de correr. De huir. Quizás hacia adelante, pero huir al fin y al cabo.

Nuevo pueblo, nueva gente, nueva vida. Al mes sé que no es mi hogar. No me saldrán raíces. Y quiero flotar, pero no tengo medios. Estoy en una prisión. Me cuesta un año considerar esa prisión algo parecido a mi casa. Y cuando por fin lo consigo, hago una visita a esa ciudad, esas calles que sin duda, son las únicas a las que en mi vida he llamado Hogar. Y no me siento en Casa. Eso me confunde. Pienso que algo o alguien me ha cortado las raíces. Soy una planta muerta. Pero no me pone triste. Porque aunque no me siento igual de bien en los sitios que antes eran mi ungüento, me sigo sintiendo en calma y feliz con la gente. Quizás las personas sean mis raíces. Y por eso sea nómada. Porque mis raíces, posiblemente elásticas, quedan atadas a vosotros y vosotras, pero me permiten moverme de pueblo en pueblo. Y no las soltáis. Y siempre que tengo miedo, o simplemente ganas de veros y echar unas risas, ahí estáis. Y las separaciones son cada vez más duras. Pero ahora la pena no me entra cuando el AVE arranca. Es ya camino a la estación, cuando se prevé el final, cuando se acerca el único abrazo que en 10 días preferiría no tener que dar.

"Podríamos hacer como si fuéramos a vernos mañana... aunque sea mentira." (El sexto sentido)



jueves, 16 de agosto de 2012

Brave (indomable)


“Brave (Indomable) cuenta la historia de Mérida, una excelente arquera que es la impetuosa hija del rey Fergus y la reina Elinor. Dispuesta a encontrar su propio camino en la vida, Mérida desafía una ancestral costumbre sagrada de los señores de la guerra (el gigantesco lord MacGuffin, el malhumorado lord Macintosh y el cascarrabias lord Dingwall). El comportamiento de Mérida desencadena sin quererlo el caos y la furia en el reino."

Con los años me he ido haciendo fan (casi) incondicional de Pixar. A pesar de que en esta historia se acerca demasiado a  Disney, rozando peligrosamente sus extremos moralismos que sus historias reflejan. Su afán de educar en las tradiciones, incluso cuando la protagonista es una rebelde. Siempre estoy segura que me la han colado por algún lado. Nunca han sido amigos de la personalidad independiente, y no creo que empiecen a serlo ahora. Incluso alguien al salir de la sala comentó que había pasado la película esperando la aparición del príncipe. Y es que no, ya no nos fiamos.
Pero aun así, son los reyes de la animación. Sus personajes se salen de la pantalla (no, no la he visto en 3D). Sus expresiones transmiten emociones y las miradas de los personajes te lo dicen todo.
A esta le sumamos los paisajes escoceses. Naturaleza en estado puro. Los vaivenes que provoca el viento, que casi puedes sentir. No entiendes porqué no hueles ese césped desde tu asiento.
Un inicio magistral. Una presentación de los personajes sublime que te explica sus inicios, qué les hace felices, qué reacciones puedes esperar. La historia tiene un buen guión, pero se acerca demasiado a los cuentos de hadas para ser perfecto. Y por eso se la critica, porque se aleja de la línea de las Toy Stories o de Wall-e. Pero hay que verla como lo que es y disfrutarla. No podemos esperar siempre lo mismo, y quejarnos después cuando nos aburra. Han arriesgado, y les ha salido bien. La pelirroja entrañable de los pelos locos y su familia, se ganan más de una sonrisa. 
Eso sí, si vas a verla, que sea por: a. los efectos, b. una historia ñoña. No esperes el humor tronchante de otras producciones. Esta vez, ha tocado película tierna. 


Y así inicio mis vacaciones en Madrid. Días de reencuentros, de tranquilidad y buenrollismo. De comer, beber, bailar. Porque es verano. Porque son fiestas. Porque estoy, temporalmente, en casa.

martes, 7 de agosto de 2012

Ice Age 4

Ice Age 4 como final de fiestas. Unas fiestas abstemias por culpa del antibiótico. Un antibiótico que no hace efecto, teniéndome congelada en un perpetuo catarro, que no me deja respirar, ni dormir, ni... Unas fiestas en las que a pesar de beber agua, recupero la adolescencia, las pandillas, los escarceos, esos “el día siguiente” incómodos y a la vez divertidos. Conciertos esperados. Primera vez que veo a Pastora. Activa, divertida, contagian su alegría. Reencuentro con Hotel Cochambre y pierdo la poca voz que había recuperado. Billar. Dardos que quedan pendientes. Rosas rojas y cubos de agua. Castillos de fuegos artificiales desde la playa y retirarme antes de tiempo porque la fiebre me arrastra a la cama. Por suerte (o confusión) siempre nos queda dormir. O dejar que nos despierten. Y todo esto acompañado por los reencuentros. Conocer a una prima que ya se ha hecho adulta. Y no echar de menos a su hermano. Desilusionarte por nuevas amistades que caen antes de forjarse y alegrarse por las que han vuelto.

Y de todo esto, dos días después, quedan la fiebre, la afonía, y las amistades más consolidadas. Las que se fueron durante las fiestas, es difícil que vuelvan. Y las que sólo tenían que ver con estas fechas de horarios descontrolados, quizás no las reencuentre hasta carnaval. Y con todo, ha valido la pena.

Tras dos días encerrada en casa intentando (inútilmente) recuperarme, he bajado al cine a ver Ice Age 4. Sin grandes expectativas, ya que la tercera me defraudó bastante, me siento grátamente sorprendida al ver recuperarse (eso sí, sin sorpresa ni novedad ninguna) la personalidad base de cada personaje, sin diluirse por nuevos secundarios que pretendan quitarles protagonismo. Los mismos chistes, los mismos diálogos, que cumplen a la perfección la función de dar el entretenimiento que se espera, sin gastar energía en intentar innovar. Mucho mejor que la anterior. Lo que no quiere decir que valga la pena pagar para verla.