Guión: Cesc Gay, Tomás Aragay
Música: Jordi Prats
Fotografía: Andreu Rebés
Intérpretes: Eduard Fernández, Leonardo Sbaraglia, Javier Cámara, Clara Segura, Eduardo Noriega, Candela Peña, Jordi Mollá, Alberto SanJuan, Leonor Watling, Cayetana Guillén Cuervo, Luis Tosar, Ricardo Darín
Sinopsis: "Comedia sobre las carencias y debilidades de los hombres de hoy que parecen haber perdido la identidad."
Cuando la estrenaron, leí que alguién
pensaba que lo peor de las películas de Cesc Gay es que se acaben. Y
no puedo evitar estar totalmente de acuerdo. Me vienen a la cabeza
los personajes de “En la ciudad”, y sé que los que he conocido
hoy los acompañarán en mis pensamientos y aparecerán de vez en
cuando. Porque Cesc Gay te presenta a unos personajes de manera
llana, en un momento actual, con todas sus emociones a flor de piel,
y con una pizca de información de dónde vienen. Pero poca. Y
ninguna sobre su futuro. Deja en el imaginario del espectador decidir
qué pasará con su vida. Dejarse llevar por la fantasía una vez
decidido si el personaje te gusta o no, si quieres su felicidad. Eso
dependerá de hasta qué punto te sientas identificado. O lo
identifiques con alguien.
En ésta, habla de la
incapacidad/dificultad de los hombres a la hora de verbalizar. De
verbalizar en general. Cualquier cosa: emociones, problemas, deseos,
frustraciones o miedos. Quedan un poco ridiculizados ante un elenco
femenino con demasiada autonomía y resolución para el punto en que
ellos son presentados. Mujeres fuertes y decididas que los miran con
compasión, con pasmo, con una ácida sonrisa en la boca. Ellos
perdidos, asustados, a la deriva. En un momento, uno de los
personajes comenta que de niño nadie te avisa que esto sería así.
Así de jodido. Es el no poder más. El no esperar nada del mañana.
La insatisfacción de lo cotidiano. Y es que muchas veces lo he
pensado: somos la sociedad de la infelicidad. Y cuando ves películas
así, donde se alternan diferentes situaciones vitales, pero en
ninguna los personajes son felices y te resuenan en la cabeza quejas
similares a tu alrededor, o tuyas propias, sales del cine pensando
que sí, que la vida te dará opciones, pero el ser humano es lo que
es, y de dónde no hay, no se puede sacar. Y el último pensamiento
antes de salir de la sala es “Jo, qué penica damos”.
Y así, “En la ciudad”, y moviéndonos con “Una pistola en cada mano”, seguimos adelante, esquivando golpes, escondiendo heridas y sorprendiéndonos de que los demás también tengan problemas, a veces, peores que los nuestros. Supongo que eso es la supervivencia. Aunque nadie nos dijera que iba a ser tan jodido.
PD: No he dicho nada de actores, de
interpretaciones, de una puesta en escena que podría trasladarse al
teatro por cercana... Sólo hay que leer los nombres de los que
participan para saber que esta película vale mucho la pena.

