Hay temporadas en las que no apetece
salir de casa. Ahora estaría viviendo una de estas. Tras un mes de
juicios, discusiones y luchas contra paranoias ajenas, totalmente
fuera de mi control, pero inevitables e invasivas, las energías no
me acompañan. No soy persona de discusiones. No sé hacerlo, ni
gestionarlo. No le encuentro sentido, ni necesidad. No me parece
interesante, ni algo que una vida de por sí corta, tenga que
aguantar. Y al hacerlo, las fuerzas me abandonan, así como mi
sonrisa y las ganas de hacer cosas.
Pero ellas siempre me hacen revivir. Vienen a rescatarme de mi sopor. Y acabo compartiendo dos días de risas y rezos. De caballeros y princesas. Cambios de dimensión y magdalenas robadas. Invasión turística y búsqueda de rincones. De guías y guiados. Sentidos de la orientación cuestionables y conductoras por instinto. Y, me guste o no, de nuevas despedidas, que afortunadamente, sé que son un “hasta pronto”.
Pero ellas siempre me hacen revivir. Vienen a rescatarme de mi sopor. Y acabo compartiendo dos días de risas y rezos. De caballeros y princesas. Cambios de dimensión y magdalenas robadas. Invasión turística y búsqueda de rincones. De guías y guiados. Sentidos de la orientación cuestionables y conductoras por instinto. Y, me guste o no, de nuevas despedidas, que afortunadamente, sé que son un “hasta pronto”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario