martes, 7 de agosto de 2012

Ice Age 4

Ice Age 4 como final de fiestas. Unas fiestas abstemias por culpa del antibiótico. Un antibiótico que no hace efecto, teniéndome congelada en un perpetuo catarro, que no me deja respirar, ni dormir, ni... Unas fiestas en las que a pesar de beber agua, recupero la adolescencia, las pandillas, los escarceos, esos “el día siguiente” incómodos y a la vez divertidos. Conciertos esperados. Primera vez que veo a Pastora. Activa, divertida, contagian su alegría. Reencuentro con Hotel Cochambre y pierdo la poca voz que había recuperado. Billar. Dardos que quedan pendientes. Rosas rojas y cubos de agua. Castillos de fuegos artificiales desde la playa y retirarme antes de tiempo porque la fiebre me arrastra a la cama. Por suerte (o confusión) siempre nos queda dormir. O dejar que nos despierten. Y todo esto acompañado por los reencuentros. Conocer a una prima que ya se ha hecho adulta. Y no echar de menos a su hermano. Desilusionarte por nuevas amistades que caen antes de forjarse y alegrarse por las que han vuelto.

Y de todo esto, dos días después, quedan la fiebre, la afonía, y las amistades más consolidadas. Las que se fueron durante las fiestas, es difícil que vuelvan. Y las que sólo tenían que ver con estas fechas de horarios descontrolados, quizás no las reencuentre hasta carnaval. Y con todo, ha valido la pena.

Tras dos días encerrada en casa intentando (inútilmente) recuperarme, he bajado al cine a ver Ice Age 4. Sin grandes expectativas, ya que la tercera me defraudó bastante, me siento grátamente sorprendida al ver recuperarse (eso sí, sin sorpresa ni novedad ninguna) la personalidad base de cada personaje, sin diluirse por nuevos secundarios que pretendan quitarles protagonismo. Los mismos chistes, los mismos diálogos, que cumplen a la perfección la función de dar el entretenimiento que se espera, sin gastar energía en intentar innovar. Mucho mejor que la anterior. Lo que no quiere decir que valga la pena pagar para verla.


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