martes, 9 de octubre de 2012

Cosmopolis





DIRECTOR David Cronenberg
GUIÓN David Cronenberg (Novela: Don DeLillo)
MÚSICA Howard Shore
FOTOGRAFÍA Peter Suschitzky
REPARTO Robert Pattinson, Sarah Gadon, Paul Giamatti, Samantha Morton,
Juliette Binoche, Kevin Durand, Emily Hampshire, Patricia McKenzie,
Mathieu Amalric, Jay Baruchel, Abdul Ayoola, Gouchy Boy, George
Touliatos, Philip Nozuka, K'Naan
   
        

   
SINOPSIS "Los disturbios recorren Nueva York, la era del capitalismo se acerca
a su fin. Eric Packer, un joven multimillonario, planea cortarse el pelo
en su barbería favorita en la otra punta de la ciudad.
Recorriendo Manhattan en su limusina, por la que van pasando su mujer,
sus socios y sus amantes, Eric descubre que alguien quiere asesinarle
a la vez que el caos se apodera de su imperio."




Dios salve a Cronenberg. Y si está ocupado, ya se encargan de ello los críticos, dando altísimas puntuaciones a una película que no consigue ni un buen comentario entre el público de a pie, aquellos que salimos de la sala sin entender qué les pasó en Cannes y cómo nos hemos dejado vender la moto.

El motivo de comprar la moto estaba claro: Cronenberg. Uno de los directores que más tensión puede transmitir con una película. Sensaciones viscerales provocadas por las reacciones viscerales de sus personajes. Por la sinceridad y claridad de la naturaleza humana en situaciones extremas. Así que aunque me sorprendiera casi negativamente con “Un método peligroso” dejándome a medias, siempre a punto... Pero no. Como decía, aun así no pensaba renunciar a su última película. Hacerlo no habría sido mala idea.

Quien lo justifica y defiende (habiendo abandonado la sala a los 20 minutos) dice que es por seguir al pie de la letra el libro. Pues debe ser un libro muy pretencioso, como los personajes de esta película. O su mismo director. Aun así, por muy asépticos, anormales, desencantados de la vida que sean estos personajes, no habría estado de más ponerles algo de sangre en las venas. No sólo lo que dicen, si no cómo lo dicen, te traslada a una tarde encerrados en una casa con más porros de los que nadie aguanta. Ritmos lentos, adormilados, frases incoherentes... Con esto se refleja la caída, el cómo alguien se desmonta poco a poco. O se intenta reflejar. No puedes dejar de pensar en todo el metraje que han fumado algo, que no saben lo que dicen y que al día siguiente no recordarán nada.
Si has entrado sobrio y sin fumar a la sala (cosa frecuente, espero) te sientes desplazado de las conversaciones, no las entiendes y sabes que no es por tu culpa, como cuando sales de fiesta y eres el único del grupo que no bebe. Por mucho que los críticos intenten convencerte de lo contrario.

Una buena idea, un gran planteamiento, perdidos en medio del ritmo y la apatía de los personajes. Un buen final, con 20 minutos que por fin te enganchan. Aunque no sepas porqué o cómo se ha llegado a esa situación. Y si lo sabes es porque lo has intuido e interpretado, así que nadie asegura que tu certeza sea real.

Y así piso por primera vez un festival de cine. Y no me quejo, me ha valido la pena. por el ambiente, las discusiones sobre cine que tanto echo de menos desde que perdí a mi cómplice más cinéfilo, la compañía y porque suelo sacar cosas buenas de casi cualquier película y pocas veces me quejaré por sentirme timada. Pero prefiero no escribir aquí los puntos positivos, que han sido más subjetivos que otra cosa, no vaya a animaros a ir al cine y perder diez euros así como así...

«La rata deviene moneda de curso legal».


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