Ayer por fin, con visita de A. en Bcn, volvimos a cruzarnos. Ella es viejos tiempos. Ella es casa. Ella es siempre y por eso la compañía ideal. Me lo encuentro igual de sonriente. O quizás más. Parece feliz. Y disfruto con sus historias. Muchas novedades desde la última vez.
Empieza con dos de las canciones que menos me gustan. Pero a partir de ahí, a pesar de faltar alguna mítica (¿Un Rafa Pons sin Malaputa?) no puedo dejar de subir. Por las que me encantan, por las que aparece Santi de sorpresa y no puedo evitar saltar, y sobretodo por las novedades, esas que han hecho que después de estar un rato sin poder parar de reirme, no pueda (o quiera) esperar a que salga el nuevo disco para tenerlas en casa.
Y como siempre que voy a un concierto de Rafa, es imposible irse luego directa a casa. A pesar de haber dormido tres horas y trabajado diez, las energías que transmite no deben ser desperdiciadas. Siempre sabes dónde y cómo empiezas la noche. Siempre es una sorpresa cómo acabará.
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