Hoy viendo la televisión, me he
encontrado con diversos reporteros criticando esta decisión:
La han llamado paripé, teatrillo,
populista y demasiado blanda.
Eso me ha hecho pensar que creo que no
se tiene claro qué esperamos de la justicia. Como ha dicho uno de
los tertulianos, como abogado le ha parecido una decisión
técnicamente perfecta, pero como persona y ciudadano le horrorizaba.
Cuando alguno de nuestros hijos roba
algo a algún compañero, lo normal es hacer que lo devuelva y pida
perdón. Con los banqueros y políticos (aunque esta casta ni
disculpas ni devoluciones) hace lo mismo no es suficiente. Hablan de
multa, de cárcel... ¿Y qué solucionaríamos con eso? Bastante
apretados están en la cárcel, como para llenarla con tipos que no
ponen en peligro salud y vida de sus vecinos. Y no merecen comida, cama y tv gratis.
Ante todo lo que se debería pedir como
justicia es que no se trate igual (o peor) a quien roba pan para
alimentar a su familia que a quien roba 30 millones de euros a los
ciudadanos.
Estos robos millonarios podrían implicar multa, sí, pero no creo que la
cárcel sea la solución. A esta gente se la debería poner bajo
estricto control: no poder trabajar en empresa pública (ni que
maneje dinero de ciudadanos) nunca más, ni superar durante unos años
(en relación al importe robado) un sueldo bruto de 1500€. Eso sí,
con las retenciones actuales, las que pagamos todos. Simplemente por
tener un sueldo medio español (sueldo de los altos) ya se les
condena a una especie de prisión. Esa cárcel en la que no sabrán
cómo pagar su piso de dos habitaciones en las afueras, moverse en
transporte público, pagar facturas e intentar comer carne de buena
calidad algún día al mes.
Pero lo que nos transmite cosas como
esta de hoy es impunidad. A pesar de ser los que en los últimos tiempos han
salido menos impunes. Y sólo porque sabemos que en realidad volverán
a sus lujos, con sus ahorros y en dos días estarán en Telefónica
con cualquier puesto honorífico al lado de otros conocidos ladrones
de guante blanco y cara del tamaño de la luna.
Y en realidad lo que queremos es bajar
a toda esa panda de ladrones de las altas esferas y que el pueblo
recupere el poder. O eso decimos en los bares, no en las urnas.
Y así es como después de ver salir
sonrientes a más de un hijo de p* de los Juzgados y saber que
seguirán con su vida montados en el dólar y que no le faltarán más
ofertas de trabajo, ya no nos vale una disculpa y reparación del
daño. Pedimos cabezas. Pero en este país nunca ruedan las que
tienen que rodar.
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