lunes, 21 de mayo de 2012

Evolución natural

Siempre que recibo un email de M/B acabo dando vueltas en mi cabeza, retumbando, dándome que pensar. Y sobretodo, provocando una brutal añoranza de las filosóficas tardes de cañas. Esas que acababan a las 3 de la mañana.

En su última señal de vida, hace un interesante comentario que debería hacer saltar las alarmas de cualquier español (si es que aun queda uno al que no le han saltado): “toda la gente que conocía compartiendo hasta ahora se han ido independizando, casando..o volviendo con los padres! La evolución lógica? Jeje.”

Y es que de “los tiempos están cambiando”, hemos pasado a una (¿retro?)evolución cada vez más rápida, en menos período de tiempo, y dejando intuir un retroceso en cuanto a prosperidad social se refiere, entendida siempre desde el punto de vista de una urbanita.

Hace generaciones, uno salía de casa casado. No era bueno quedarse “para vestir santos”, ni que se te “pasara el arroz”. Imperaba la ley de la familia. Vivía con lo que tenía, con lo que podía. La mayoría de las veces con su primera pareja (o eso decían). Para siempre.

Posteriormente (con fases intermedias seguramente, no pretendo ser exhaustiva) la gente no se iba de casa con el/la primero/a. Y sobretodo, no se movía sin tener el piso totalmente reformado, amueblado y decorado. Esto aumentó considerablemente la edad de abandono del nido. La ley de la hipoteca y los créditos personales.

La siguiente fase fue “cuando me vaya de casa quiero vivir una temporada solo/a para estar conmigo mismo/a” (y con lo que cayera, claro). Esta idea choca con una sociedad montada para vivir en pareja, con hipotecas imposibles y alquileres de escándalo. Quien se negaba a compartir piso con amigos o desconocidos se quedaba encostrado en casa de sus padres.

¿Y cuál ha sido la evolución natural de estos casos? Acabar viviendo en pareja o ascender laboralmente y poder permitirse vivir sólo de una manera desahogada sería lo deseable. Lo que ocurre en realidad es que ha parecido una tercera opción: parecía que las cosas iban bien. Lo he conseguido durante años. Pero... Mami, papi, ¿habéis desmontado mi habitación?

Y así es como los señores que nos criaron, acostumbrados ya a la libertad, de nuevo se están encontrando con sus hijos en casa. En el paro, con pocos ingresos, y sin esperanzas de cara a un futuro. Viendo la televisión y decidiendo que no vale la pena salir al mundo. O recuperando la adolescencia y pensando que la vida así es mucho más cómoda, que se acabó el jugar a ser independiente. Adultos condenados a vivir como niños. O en pareja.

La semana pasada celebré un año viviendo sola. Y estoy segura que aguantaré un par de meses más. Tengo la esperanza de aguantar otro año y no necesitar invadir a mis padres.

Pero claro, no vivo en pareja, y decidí intentar vivir sin compartir piso. Y eso en España se paga caro. En mi caso utilizo un sueldo íntegro para pagar el alquiler y las facturas, y el de un segundo trabajo para comer. Estos quince días además acepté un tercer trabajo, que me ha dejado sin tiempo para nada, porque 60 horas de una semana son muchas, pero quizás, cuando acabe, hasta pueda permitirme una escapada, o tapar algún agujero. Decido no seguir con la evolución natural que me marca esta época. No siempre es fácil, pero sí gratificante.







“- ¿A dónde vas?
-Con suerte, hacia adelante” (Ratatouille)

No hay comentarios:

Publicar un comentario