viernes, 18 de mayo de 2012

Peor que una bofetada

Lunes. Amanecer feliz y relajada. A pesar de la fiebre y los mocos. Moverse a cámara lenta. No rendir ni a base de ibuprofeno, pero intentar disimularlo. Primer día en dos trabajos diferentes. Hay que estar a la altura. Me miro el brazo izquierdo. Quemado. El sol traicionero oculto tras la brisa fresca, durante una paella familiar. Sonrío. Valió la pena. No voy a los juzgados. Invento algo que lo justifique. Prometo ir mañana.
Y mientras me disperso sentada delante del ordenador, un mensaje caído de la nada, de alguien que dice que no quiere volver a saber de mí. Alto, claro, y desde mi punto de vista, fuera de lugar. Una bofetada inesperada. Leo el mensaje que yo envié, buscando el detalle que ha podido provocar la situación: “Por fin tengo trabajo. Con suerte este verano me pego un viaje a Madrid. ¿Tú qué tal todo? ¿Ya no te envían a Barcelona?”

Y me pregunto si hay una buena manera, una que duela menos, de prescindir de alguien en tu vida, de acabar una amistad cuando se ha desgastado y no da más de sí. Ser claro e informar a la otra parte, o simplemente dejar que el tiempo y la distancia hagan su trabajo. Desaparecer en un fundido en negro.

Yo he seguido (y sufrido) las dos tácticas. Normalmente, guiándome por el instinto, creyendo intuir lo que la otra persona recibirá mejor. Personalmente, prefiero una bofetada como la de este lunes, que una vez superado el shock no te mantiene de manera indefinida esperando noticias de alguien. Quizás el silencio te mantiene en un eterno “A lo mejor si...”.

Pero soy consciente de que vivimos en la sociedad del “bienquedar”. No está bien visto decirle a alguien que ya no es importante ni necesario en tu vida. Condenadas a cruzarnos en la calle, sonreír, y preguntar qué tal, como si nos importara. Ni yo soy siempre capaz de decirle a alguien “no hace falta que me hables, no lo necesito”. Pero son cosas que pasan. Llega un día que ya no aportas a esa persona lo que un día le enriqueció. Que alguien deja de tener interés para ti. Que tú ya no le interesas. Y todos merecemos la oportunidad de despedirnos, de replicar, quizás de contraofertar. Y todos tenemos derecho a borrar, cambiar o reestructurar.

Como he dicho en anteriores ocasiones, no creo en las relaciones para siempre, ni siquiera en las de amistad. Podría poneros más de un ejemplo de este 2012. Pero aquí critico cine, no ex-amig@s. Es necesario aceptar los cambios cuando vienen.









“Es extraño... aún sabiendo que tiene que terminar, cuando termina, siempre sientes ese remordimiento inevitable de "¿hice lo correcto?"...” (Alfie)


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