jueves, 19 de julio de 2012

Critiqueo

Vivimos en la era del critiqueo. Un “hobby” que en principio no parece peligroso, aunque bastante insano, pero si le sumamos la malicia natural de la gente, y espolvoreamos una mezcla de morbo y aburrimiento, acaba siendo como mínimo, molesto.
Y con un grupo aficionado al noble arte de encontrar defectos en los demás he topado. Eso sí, sin ser capaces de ver los propios. ¡Y pobre del que intente hacerles ver su no-perfección!

Iniciamos la sesión con la comida que cada día el cocinero ofrece a niños y monitores. El menú no es adecuado. Ni el estilo. Ni las especias... Pero de todos estos habladores, sólo dos son coherentes y empiezan a traer fiambrera. El resto cada día aceptando la comida para dedicarse a sacarle fallos (oído hoy: uno de P3 lo habría cocinado mejor)

Pero cuando se acaba la carnaza en este terreno, se empieza a atacar a otras personas. Gente ajena al equipo consolidado durante el curso escolar y cruelmente invadido durante el Casal por personas externas, trabajadores y lo peor: gente de prácticas. Esta última plaga invasiva funciona de manera curiosa. Lo primero que debe quedar claro y que debe cuchichearse cada vez que nos den la espalda, no olvidando arrugar la nariz al hacerlo, es que son unos “empanados”. Con esta característica como base de la personalidad, está claro que no es necesario en perder tiempo explicándoles cómo funcionan las cosas (tampoco nos molestaríamos en esto con los nuevos trabajadores, que sustituirán la falta de información por imaginativa y años de experiencia). Aún así, como todos sabemos que la verdadera función de los practicum es quitar de en medio las labores non-gratas, no sólo les serán encomendadas, sino que las harán solos mientras que el resto, ilocalizables, se ocupan de sus cosillas. Y cuando lo hagan mal o les pierda el despiste, pues nada, a criticarles.

Y pobre del trabajador externo (sí, yo, para boca la mía) que ose salir en defensa de los pequeños topillos invasores, cuando al ser preguntado el equipo por la coordinadora responden que “la gente no sabe qué debe hacer en cada momento por desinterés y no haber interiorizado la programación”.
Decirles que falta traspaso de información, que las normas básicas no están en la programación y que si todos los monitores “oficiales” se van al café (a criticar, supongo) dejando sólo a un practicum se pierde el derecho a crítica cuando éste se equivoque, les rompe los esquemas. ¡Osadía! Bastante mal llevada, por cierto, y duramente (un drama) castigada con una huelga de silencio, que al no molestar a la pobre sujeta (he de decir que el día que no me abrían la puerta habiéndome visto algo sí me molesté, pero disimulo genial) se ve incrementada con desacreditaciones laborales, cosa que sí afecta más.

Pero hace tiempo, una gran (eso han dicho en alguna cadena de TV que yo lo oí) cantaora (¿Se dice/escribe así?) dio una importante lección: “Dientes, que es lo que les jode”. Por lo que ante la insistencia de vivir en el país de las piruletas por parte de la transgresora, el equipo va cediendo y aflojando el castigo. Suerte tienen de la pasota. Eso sí, la gente en prácticas no vive tan feliz y amenazan con escribir terribles memorias. A mí, sólo tienen que decirme dónde tengo que ir a testificar.


“- ¿Algo más?
- Soy gilipollas.
- ¿No pretenderás que te lo discuta” (Californication)



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