martes, 4 de diciembre de 2012

Operación E

Dirección: Miguel Courtois.
Interpretación: Luis Tosar, Martina García 
Guión: Antonio Onetti; basado en un argumento de Ariel Zeïtoun.
Música: Thierry Westermeyer.
Fotografía: Josu Incháustegui.

Sinopsis: "José Crisanto vive en la zona de la selva colombiana que se encuentra ocupada por las FARC. Un día, un grupo de guerrilleros le entrega un bebé recién nacido y le obligan a quedarse con él"

Otra película de guerrillas, de injusticias vividas por la población en época de guerras, a merced de aquellos que dicen luchar por el pueblo.
Pero a pesar de la denuncia que es imposible disimular en este metraje, "Operación E" (horrible título) es sobre todo una película de una lucha personal hacia la supervivencia de la familia. Donde José Crisanto es juzgado como "pícaro que va al son que más le conviene", ya que negocia con FARC y Gobierno, yo veo un padre de familia que antepone su mujer e hijos a todo lo demás, aunque para ello siempre diga lo que la persona que está delante quiere escuchar.

Parece ser que Miguel Courtois ya tiene experiencia en cine político. No he visto Gal ni El Lobo, así que no sabía a lo que me arriesgaba. Una apuesta mucho más segura es Luis Tosar, que aunque por sí sólo no habría sido suficiente reclamo para ir a ver una película que no explica nada nuevo, sí es suficiente motivo para disfrutarla. Se mete en la piel de un agricultor (o paleta, o...) colombiano como pocos más que él saben hacer, y nuevamente nos transmite matices del personaje que interpreta que hace que nos lo creamos y nos cueste reconocerle cuando nos lo cruzamos por la calle como a un actor, no como a ese personaje que nos caló en alguna película, que se metió en nuestra cabeza hasta soñar con él.

Un metraje algo alargado, aunque no se hace pesado. Acompañas en cada momento a este padre de familia en su odisea deseando que todo le salga bien. Luis Tosar lleva el peso de toda la película, y el resto de actores simplemente están a su alrededor, para darle la réplica de vez en cuando. Pero no se echan de menos. Él, con la expresividad de su mirada, se come la pantalla y al espectador.

Nuevamente estamos ante una de esas películas que no sé si recomiendo. ¿Me ha gustado? Mucho. Pero dejando a un lado el tema que no explica nada nuevo, se le puede sumar el camino tremendamente triste que coge la segunda hora. No sales del cine contento, despejado, habiéndote ganado el merecido descanso semanal. Sales triste, dándole vueltas a la cabeza, y mirando a tu alrededor por la calle y pensando qué debe sentirse al tener que vivir siempre alerta, siempre en peligro. Si buscáis una buena película, no creo que decepcione. Sólo hay que saber escoger el momento vital para verla. Porque si a parte queréis despejar la mente, disfrutar y alegraros, mejor idea es seguir esperando El Hobbit, como habría hecho yo si no me hubieran invitado a este preestreno.

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